
🎨Homenaje al artista mendocino JULIO LE PARC
(23 septiembre 1928 - 30 mayo 2026)
La Fundación El Sonido y El Tiempo Internacional despide al "Troesma" a través de su destacado discípulo, EDUARDO HOFFMANN, artista mendocino de prestigio internacional y miembro de nuestra Fundación.
Murió Julio Le Parc a los 97 años(30 de mayo de 2026) : el artista mendocino que revolucionó el arte cinético.
El reconocido artista nacido en Mendoza falleció en París a los 97 años. Referente del arte óptico y cinético, dejó una huella imborrable en la cultura internacional y preparaba una importante muestra en Londres.
Maestros
Lugar, fecha y horarios
Inicio
Cierre
Lugar
Becas
Artistas
Lugar, fecha y horarios
Inicio
Cierre
Lugar
Artistas
Autor/es
Créditos

Adiós al Troesma, un recuerdo íntimo de Julio Le Parc
El artista mendocino Eduardo Hoffmann recuerda sus años junto al artista en Europa y traza un retrato íntimo de uno de los creadores más influyentes del arte contemporáneo argentino.
Por: Redacción 617.News
Nota: https://617.news/adios-al-troesma-un-recuerdo-intimo-de-julio-le-parc/
Por: EDUARDO HOFFMANN 🎨
Me fui de paseo por la historia. Por mi historia. Y ahí estaba él.
El Troesma
Lo vi otra vez con su mirada curiosa, segura, paciente. Siempre había un lápiz en su mano que desenfundaba de sus cargados bolsillos. En cualquier rincón aparecían libretitas, cuadernos, hojas sueltas donde anotaba ideas, dibujaba, escribía. Parecía que la creatividad no descansaba nunca dentro de él.
En ese paseo por mi historia me encontré de nuevo en París, en 1985, con Julio Le Parc.
Nosotros, los argentinos, le decíamos simplemente “el Troesma”. Y cuando uno piensa en un Troesma, piensa en Julio Le Parc y en esos pocos argentinos extraordinarios que parecen pertenecer a una categoría propia.
Tuve la suerte de compartir una muestra con él en Roma . Y cuando me visitaba en el desarrollo del proceso , hay algo que siempre me quedó grabado. Julio jamás se empecinaba en enseñarte nada. Nunca te decía qué hacer. Nunca te indicaba el camino. Sin embargo, todos los que estábamos cerca suyo nos sentíamos iluminados. Nos iluminaba sin proponérselo, sin hacer ningún esfuerzo. Era una genialidad permanente, una genialidad sin techo y a toda hora y todos los días.
Hasta cuando fabricamos unas simples paletas de madera para jugar al frontón durante la siesta. Nosotros queríamos relajarnos un rato y él también se prendía. Lo único que no hacía era ir a buscar la pelota cuando se perdía. Eso nos tocaba a nosotros. Él se quedaba atrás, esperando, sonriendo, moviendo sus brazos listo para seguir jugando.
Así era el Troesma.
Recuerdo una vez que volvió de sus vacaciones en Carboneras. Llegó bronceado por el sol. Lo ayudé a bajar los cuadros de la camioneta y eran como cincuenta de mediano formato y le pregunté:
—¿Pero nunca fuiste a la playa? ¿Por qué trajiste tantos cuadros?
Y me respondió con total naturalidad:
—Todos los días fui a la playa.
Estaba con todo, siempre. Exuberante, vital, luminoso. Guapo como pocos. Con esa altura, esa presencia, esa mirada y esa ironía, podría haber sido un actor de Hollywood. Pero eligió ser artista contra viento y marea.
Siempre encontraba una cuota de humor irónico en las cosas. Una observación inesperada. Una ironía inteligente. Nunca perdió esa capacidad de mirar el mundo con curiosidad lúdica
Hoy partió Julio Le Parc.
Pero mientras recorro mi historia, sigue ahí. Con un lápiz en la mano, una libreta cerca, una idea nueva por dibujar y una pelota perdida que, por supuesto, iremos a buscar nosotros.

Esta foto fue tomada el día en que Julio Le Parc cumplía 90 años.
Estamos en un campo único en el Tigre donde celebraban su cumpleaños. El lugar es exuberante : varias hectáreas de verde, una pileta generosa, árboles por todas partes y una reunión llena de gente interesante, elegante y luminosa.
En medio de ese escenario apareció una mujer particularmente bella. Julio la observó durante unos segundos y cruzamos miradas cómplices con esa mezcla de picardía, audacia y humor que nunca perdió, me acercó su bastón y me dijo en voz baja:
—Ponéselo entre las piernas al hombre que la acompaña para que se caiga a la pileta.
Según su plan, una vez sorteado el competidor, tendría el camino libre para conquistarla.
Lo miré sorprendido y le pregunté:
—¿Y yo qué gano por semejante riesgo?
Julio abrió los ojos, teatralmente indignado.
—¿A mí me vas a cobrar vos? ¿A mí?
—Y sí, Julio. Mirá que puedo terminar en cana por esto.
Entonces me preguntó:
—Bueno, ¿y qué me cobrarías?
Lo pensé apenas un segundo y le respondí:
—Con un Le Parc, aunque sea de pequeño formato, estoy hecho.
Y ahí nos largamos a reír como dos adolescentes.
Cada vez que veo esta foto vuelvo a ese instante. No veo a un hombre de 90 años. Veo a Julio exactamente como era: brillante, divertido, seductor, irreverente y lleno de vida. Veo a alguien que conservaba intacta la libido de la belleza la curiosidad, el humor y las ganas de jugar.



Precios